UN PUEBLO PARA CAMINAR SIN APURO
CAPILLA DEL SEÑOR: UN LUGAR AL QUE SIEMPRE VUELVO
«Hay lugares que visitamos una vez para conocerlos y otros a los que volvemos simplemente porque nos hacen bien. Capilla del Señor es, para mí, uno de esos lugares. Después de varias visitas, todavía encuentro algo nuevo cada vez que camino por sus calles.»
Sebastián Rojas
Licenciado en Turismo · Creador de JFB Travel
Foto en el nomenclador de la estación Capilla - FFCC Urquiza
Un lugar cerca, pero lejos del ruido
He ido a Capilla del Señor más de cinco o seis veces y, probablemente, siga volviendo. Una de las cosas que más me gusta es que está cerca y es fácil llegar, tanto en colectivo como en tren. Pero apenas uno llega, aparece otra sensación: el ritmo cambia.
Capilla conserva esa tranquilidad que muchas veces buscamos cuando queremos escaparnos un rato de la rutina. No hace falta planificar demasiado. Llegar, caminar y dejarse llevar por las calles ya es parte de la experiencia.
Y quizás una de las cosas que más me gusta sea justamente esa: el tiempo parece pasar tranquilo, pero al mismo tiempo pasa rápido.
Mi recorrido por Capilla
Cada vez que voy suelo empezar de una manera bastante parecida. La plaza es casi siempre el punto de partida y, si los horarios coinciden, una de mis primeras paradas es el Museo del Periodismo Bonaerense.
Después viene la iglesia, que nunca deja de sorprenderme. Quizás porque soy de San Miguel, y hay algo en su estilo y en su presencia que inevitablemente me hace recordar a la Catedral de mi ciudad, aunque Capilla tiene su propia identidad y una ornamentación que la hace muy particular.
Desde ahí me gusta seguir caminando. Suelo bajar hacia la estación de Capilla del FFCC Urquiza, pasar por la zona del cementerio para luego retornar al centro por diferentes calles.
No es un recorrido que haga porque tenga que cumplir una lista de lugares. Es, simplemente, mi manera de recorrer Capilla.
Frente de la parroquia de Exaltación de la Cruz
Perderme también es parte del viaje
Una de las cosas que más disfruto de Capilla es poder recorrerla a mi ritmo. Caminar sin saber exactamente qué voy a encontrar, doblar por una calle y descubrir una construcción antigua, mirar una fachada, encontrar una placa o detenerme frente a un edificio que quizás había pasado por alto en una visita anterior.
Eso es lo que más me gusta de los pueblos históricos: muchas veces no hace falta buscar demasiado para encontrar algo interesante.
Y Capilla tiene mucho de eso. Hay edificios que se conservan muy bien y que permiten entender parte de la historia del lugar, aunque también existen otros espacios patrimoniales que necesitan mayor cuidado. Creo que también es importante contarlo así: no todo es perfecto, y conservar un pueblo histórico también implica cuidar aquello que todavía necesita atención.
Pasaje Papa Francisco, un lugar que descubri caminando
Volver a los museos y descubrir algo nuevo
Capilla tiene dos pequeños museos que disfruto especialmente: el Museo del Periodismo Bonaerense y el Museo de Arte Sacro.
Son espacios que, a pesar de su tamaño, están muy bien preparados y tienen la información justa para poder recorrerlos y entender lo que estamos viendo.
Pero lo que más me gusta es que, incluso después de haberlos visitado, siempre encuentro algún detalle nuevo.
Quizás porque volvemos con otra mirada, o simplemente porque la primera vez se nos escapan algunas cosas. Y eso hace que para mí no sean lugares de una sola visita.
Una de la salas del Museo del Periodismo Bonaerense
La estación, otro de mis lugares favoritos
La estación de Capilla del Señor, perteneciente al Ferrocarril Urquiza, es uno de mis lugares preferidos del pueblo. Quizás tenga que ver con mi afición por los trenes y con lo mucho que disfruto viajar en ferrocarril, pero creo que hay algo más.
Su arquitectura y esa impronta de antigua estación bonaerense me resultan especialmente familiares. Cuando era chico iba muchas veces con mi abuelo a la estación Toro, también del Ferrocarril Urquiza, y ambas estaciones comparten ese mismo estilo constructivo. Por eso, cuando llego a Capilla y me encuentro con su estación, inevitablemente aparecen recuerdos de aquellos momentos con él.
La estación Toro se conserva de una manera diferente y mantiene gran parte de su estructura, mientras que la de Capilla tiene hoy otra realidad. Pero eso no le quita ese encanto particular que encuentro cada vez que paso por ahí.
Quizás por eso me gusta tanto detenerme en esta estación: porque además de formar parte de la historia ferroviaria de Capilla, también me conecta con una parte linda de mi propia historia.
Estación Capilla del FFCC Urquiza
Comer también es parte del paseo
Después de caminar durante la mañana, normalmente llega el momento de buscar un lugar para almorzar.
Y acá tampoco tengo una fórmula única. He comido asado, sándwiches y diferentes propuestas en distintos lugares del pueblo. También pasé por la vieja pulpería y por casas de comidas que fui descubriendo en distintas visitas.
Porque viajar también es sentarse a comer, probar algo distinto y dejar que el día continúe sin demasiadas apuradas.
La tarde termina junto a la Cañada
Si hay un lugar que resume lo que Capilla significa para mí, probablemente sea la Cañada de la Cruz.
Muchas veces compro algo dulce en alguno de los puestos de artesanías y termino la tarde con unos mates, sentado cerca del agua.
Me gusta tanto la zona del Paseo Arcoíris como el sector que se encuentra del otro lado del puente del ferrocarril Urquiza. Hay verde, agua, tranquilidad y unas vistas que invitan simplemente a quedarse. Y ahí es donde realmente siento que bajé un cambio.
No hay mucho más que hacer.
Y justamente por eso está bueno.
Sentarse, tomar mate, escuchar el agua, mirar alrededor y descansar un rato.
Mates al lado de la Cañada de la Cruz
Capilla también se vive compartiendo
No todas mis visitas fueron iguales. También fui durante festividades, como un 25 de Mayo que compartí con mi mamá, cuando las calles se llenaron de gente, hubo escenario, música y baile.
También recorrí ferias y puestos de artesanos locales, donde siempre aparece algo dulce, algo salado o algún producto que termina formando parte del paseo.
Porque Capilla puede ser tranquilidad, historia y caminatas, pero también puede ser encuentro, celebración y movimiento.
Una celebración del 25 de Mayo en Capilla
¿Por qué siempre vuelvo?
Después de tantas visitas, todavía me cuesta elegir una sola razón para explicar por qué Capilla del Señor está entre mis lugares favoritos.
Quizás sea la cercanía. Quizás sus calles, sus edificios y su historia. Quizás los museos, la estación, la iglesia o la Cañada.
Pero creo que, en realidad, es todo junto. Capilla es uno de esos lugares donde puedo caminar sin apuro, perderme un rato, descubrir algo que no había visto, comer algo rico y terminar el día con unos mates junto al agua.
Un lugar al que voy para conocer, pero al que vuelvo simplemente para estar.
